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Archive for the ‘Para abuelitas’ Category


Lo mucho que te quiero no cabe en unas pocas palabras,
porque ciertamente serían necesarías
tantas como arena tiene una playa,
o como estrellas tiene el cielo.

Lo mucho que te quiero no cabe en una sola canción,
porque si tuviera ese don no me alcanzaría una,
para agradecer tus cuidados desde que era bebé de cuna
hasta el día de hoy.

Lo mucho que te quiero no cabe en un abrazo,
al menos claro está que éste tuviera el toque de lo eterno,
para darte gracias por lo que haces por tus nietos
entre los cuales yo me encuentro.

Lo mucho que te quiero no cabe en una caricia,
tendrían que ser mis manos a tu rostro atadas
para poder darte una a cada instante.

Lo mucho que te quiero no cabe en un beso solitario,
en la mejilla o en la frente,
o en tus manos de mujer valiente,
tendría que besarte cada segundo y a diario.

Lo mucho que te quiero no cabe en estos versos,
porque tendrían que ser muchos los libros que contendrían
cada te quiero que yo te daría
acompañado de palabras, canciones, abrazos, caricias
y besos en tus mejillas.

(“Lo mucho que te quiero no cabe en palabras, ni en canciones, ni en abrazos, ni en caricias, ni en besos, ni en versos… pero sí cabe en tu hermoso corazón… Te quiero mucho abuela.”)

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Como una estrella eres mi abuela,
estrella radiante que nuestras vidas ilumina,
que con delicadeza y ternura nos mima,
así eres de bella.

Como una estrella que pase lo que pase,
está firme, brillante y luchadora,
en todo momento y a toda hora.

Como una estrella en mi camino,
dándome consejos y regaños,
recordando tu época de antaño
me ayudas a forjar el destino.

Esa luz que me dás la deseo siempre,
porque la transformas en palabras sabiamente,
ayudándome a vencer dudas y miedos
enfrentándome a la vida con un Yo puedo.

Esa luz me acompaña todos los días,
entre alegrías y tristezas,
porque aún en medio de la dureza de la crisis
tu no te diste por vencida.

Y aquí te tengo, a mi lado,
luchando, siendo fuerte,
pero sobre todo brillando,
brillando como una estrella.

(“Como una estrella que pase lo que pase, está firme, brillante y luchadora, en todo momento y a toda hora.”)

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Pintas de blanco los cabellos,
y de arrugas los cuerpos,
pero hay sabiduría en tus años,
la producida por alegría, tristeza o por los daños.

Por los momentos más felices,
o por aquellos que han dejado cicatrices,
por el dolor acumulado o los errores cometidos,
por haber hecho hermano al enemigo
o por haber perdido al mejor amigo.

Sabiduría que brota en tus palabras,
en forma de consejos o regaños,
advertencias que deben ser tomadas en cuenta
y no a la ligera.

Tercera edad, que pausas el caminar,
haces lento el hablar,
y poco a poco dismunuyes las fuerzas,
también haces que aprendamos a escuchar.

Por eso abuelita y abuelito,
(si, me refiero a ustedes, los que leen este poema
que he escrito inspirado en su vida)
no te preocupes si te vas quedando sin dientes,
sigues siento el valiente que siempre admiraré;

No te preocupes el ya no caminar aprisa,
así nos tardamos más en llegar a nuestro destino,
y podrás contarme mas historias, de cuando eras niño,
de aquellos tiempos mejores que recuerdas con lágrimas.

No te preocupes si hablas despacito,
que escucharte por mucho tiempo necesito,
que para vivir lo que has vivido
no sé si la vida me alcance.

No te preocupes, no estas solito,
tienes muchos nietos, aunque no conozcas sus nombres,
son todos aquellos que esperan que de allá arriba
les permitan llegar a esa bendita Tercera edad.

(“Este va para tí abuelito, que has de estar tocando guitarra en el cielo,
que ni imaginabas que yo existiría, porque mamá tenía ocho años cuando de la vida te despediste.
No llegaste a la tercera edad, no supiste que eres abuelo, pero tengo el consuelo de algún día
poderte conocer.”)

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Entre canas y manitas arrugadas
nos pasamos lo mejor de nuestro tiempo
escuchándote hablar poco a poco, así lento
pronunciando las razones que tienes para amarnos.

Entre canas y manitas arrugadas
tomás el pincel de la experiencia
dibujas con detalle y con paciencia
nuestras sonrisas que se vuelven carcajadas.

Entre canas y manitas arrugadas
con tus fuerzas que no quieren despedirse
te acercas a nosotros
dándonos una caricia que quisiéramos que nunca terminara.

Cuántos años cumples mi abuelita?
Cuántos años se necesitan para vivir lo que has vivido?
Siendo buena hija, buena madre, buena esposa,
y con nosotros la mejor de las abuelas.

Cuántos años cumples mi abuelita?
cuántos hacen falta para ser así de tierna?
cuánto años se necesitan?
son tantos como arrugas en tu carita?

Cada uno de nosotros
con toda la felicidad que nos provocas
queremos regalarte besos en forma de rosas
caricias como aleteos de mariposas.

Y decirte felices Ochenta años de vida abnegada,
te amamos y te necesitamos,
aquí tienes a tus nietos muy felices,
entre tus canas y tus manitas arrugadas.

(“Entre canas y manitas arrugadas tomás el pincel de la experiencia dibujas con detalle y con paciencia nuestras sonrisas que se vuelven carcajadas.”)

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Como si fueras ella me aconsejas
me cuidas, mis triunfos festejas
lloras junto a mí en mis tristezas,
y el amor como un fiel espejo reflejas.

Como si fueras ella, mis dudas alumbras,
alejándome de las penumbras,
rodéandome de ternura, bondad y amor,
buscando como aliviarme cuando tengo dolor.

Como si fueras ella, tus brazos hacía mi extiendes,
me mimas, me regañas, me consientes,
me escuchas, me animas, me comprendes,
me guías, me hablas con verdad y todo de mi entiendes.

Como si fueras ella, te vistes de dulzura cuando me miras,
te sientas a mi lado para que cuanto me pasa te describa,
por eso también te llamo mi mejor amiga,
que siempre está conmigo y nunca me ignora.

Como si fueras ella, me haces sentir protegida,
ganadora, aunque esté casi vencida,
con deseos de sonreir, aunque esté dolida,
tranquila y llena de paz, aunque esté confundida.

Como si fueras ella, si… como mi mamita,
como si tu vientre por nueve meses hubiese sido mi casa,
como si tus brazos por años me hubiesen arrullado,
y a dar mis primeros pasos me hubieses guiado.

Como si fueras ella, una madre, no una suegra.

(“Como si tu vientre por nueve meses hubiese sido mi casa, como si tus brazos por años me hubiesen arrullado y a dar mis primeros pasos me hubieses guiado”)

 

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La ternura y la pureza son tus mejores amigas,
intercambias sonrisas con la alegría,
te has esforzado día a día,
la paciencia y perseverancia son tus vecinas.

Aunque la tormenta sea muy fuerte
tu siempre de pie con firmeza
dándonos buenos principios y con toda certeza
eres nuestro ejemplo de mujer.

Nos das de tu amor como un diluvio,
constante, insesante, llenas nuestro corazón,
por eso y con mucha razón
eres nuestro ejemplo de mujer.

Quisiera contar cada una de tus canas
cada una es una experiencia vivida,
una lágrima llorada,
una pérdida sufrida.

Un dolor callado, una persona no olvidada,
una pena guardada, un silencio que grita,
quizá una meta no cumplida
o un sueño frustrado.

Pero más que eso, cada una es
un día de una vida abnegada,
de paciencia, esperanza, de fé y templanza,
de besos y abrazos repartidos.

Es un pedazo de tiempo atrapado,
una alegría, un amor bien correspondido,
una serenata a la luz de la luna,
una caricia regalada.

Es una lluvia de virtudes,
una catarata de sentimientos,
que nos envuelven como el viento
y que jamás se olvidan.

Es un segundo tiempo de mamá,
una doble dósis de cariño,
es un motivo más para decirte
que eres nuestro ejemplo de mujer.

(“Quisiera contar cada una de tus canas, cada una es una experiencia vivida”. Para todos aquellos que han pedido un poema para la abuelita, que en en varios casos es una doble mamá, el centro de una familia.)

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No elejiste que yo naciera,
no sabías que en tu vida iba a estar
pero abriste tus brazos de par en par
para ser mi segunda mamá.

Y así te veo hoy, así te amo
tus palabras han sido buenas consejeras
para alejar las tormentas y volverlas sólo pasajeras
para devolverme la calma.

Segunda mamá, que me escuchas,
que me tienes paciencia,
que inclinas tu oído a mi ignorancia,
y respondes con amor a mis preguntas.

Segunda mamá, que crees en mí,
en mi valor, en mis sueños, en mis metas
que siempre te muestra discreta
y que tienes toda mi confianza.

Segunda mamá, que me cuida,
que con atención escucha mis problemas,
haciéndome salir de mis dilemas,
ayudando a sanar muchas veces mis heridas.

Segunda mamá, mi madrina,
con quién siempre puedo contar,
que jamás me dejará de amar,
que siempre está allí como lluvia repentina.

Mi madrina, te quiero decir con estas frases
cuánto te amo y mucho agradecerte
porque es una gran bendición tenerte
y como mi mamá tu me abraces.

No elegí que tu fueras,
no sabía que en mi vida ibas a estar,
pero abro mi corazón de par en par,
y hoy te llamo Mi Segunda Mamá.

(“Tus palabras han sido buenas consejeras, para alejar las tormentas y volverlas sólo pasajeras, para devolverme la calma.” Este poema va para las Madrinas, mujeres que fueron elegidas para ser una segunda mamá.)

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